El Impuesto a las Tierras Rurales tendría otra exoneración

Las extensión de menos de 70 hectáreas con características de tierras amazónicas están exonerados.

El texto de los nuevos impuestos aún no hace público, pero el director del Servicio de Rentas Internas (SRI), Carlos Marx Carrasco, adelantó esta semana varios de los cambios que se hicieron al documento. Uno de ellos que las tierras menores a 70 hectáreas y que tengan características similares a las de la Amazonia estarán exentas del pago del Impuesto a la Tierra.

“Si son tierras con condiciones topográficas, geológicas equivalentes a la región Amazónica, estén donde estén pagarán el impuesto a partir de la hectárea 71 y no desde las 26 como se fijó en la Reforma Tributaria de 2008”. De esta manera, el director del Servicio de Rentas Internas (SRI), Carlos Marx Carrasco, explicó el cambio que contiene el proyecto final de Reforma Tributaria, entregado al Ejecutivo, durante una entrevista en Teleamazonas, el pasado miércoles.

El tributo registra ya varias modificaciones desde su creación, el 29 de diciembre de 2007, a través de la aprobación de la Ley Reformatoria para la Equidad Tributaria. El pasado 13 de junio, en una rueda de prensa en Quito, la Ministra de Ambiente, Marcela Aguiñaga, hizo un primer anuncio sobre cambios en el Impuesto a las Tierras. En esa fecha señaló que serán exonerados del tributo aquellas extensiones que tengan una función ambiental, con bosques o que se dediquen a programas de forestación o reforestación, para la recuperación de suelos degradados.

Pese a que estuvo en vigencia desde 2008, no se puso en práctica sino dos años después debido a la aprobación del Mandato Agrícola, que exoneró del pago hasta el 2010 por los problemas climáticos que tuvo el país.

Después de la publicación del Código de la Producción, en diciembre pasado, se hicieron nuevas excepciones al pago del impuesto. Las tierras ubicadas en ecosistemas páramos, las que se encuentren en áreas de conservación voluntaria de bosques y ecosistemas prioritarios, debidamente definidos por el Ministerio de Ambiente; y las que por fuerza mayor, certificada por el Ministerio de Agricultura, hayan sido afectadas gravemente en su rendimiento y productividad, están libres del impuesto.

Y con la publicación del reglamento del capítulo tributario del Código de la Producción se permitió la exención del tributo por razones como el cambio climático, sobre todo para los ganaderos y agricultores afectados por la sequía.

Ahí también se estableció que las tierras amazónicas tendrían una consideración especial. El tributo no se pagaría sobre las 25 hectáreas, sino solo aquellos que posean extensiones de tierra superiores a las 70 hectáreas. Las consideraciones de producción y de tipo de suelo pesaron al momento de definir esa exoneración.

El cálculo del tributo es igual al uno por mil (0,001) de la fracción básica no gravada del Impuesto a la Renta, es decir que para este 2011 el impuesto es de $9,21 por cada hectárea o fracción de hectárea de tierra que sobrepase las 25 hectáreas declaradas en Costa y Sierra, y 70 en la Amazonía. Según las cifras de Rentas, entre enero y mayo de 2010 se recaudó $12.216 dólares, mientras que en el mismo período de este año se recaudó $766.694.

En la nueva propuesta impositiva, que fue pulida el pasado lunes con el propio Presidente de la República, Rafael Correa, se establece que los terrenos de más de 70 hectáreas, con características topográficas y geológicas parecidas a las de la Amazonia también estarán exentas. Aunque no se dieron más detalles, este anunció generó reacciones entre los actores del sector agrícola y ganadero.

La exoneración no tendría mayores efectos en los predios agrícolas o ganaderos, explica Freddy Serrano, presidente de la Corporación Nacional Agropecuaria. Esto, porque en las otras regiones existen muy pocas tierras con características similares a las del Oriente. “Son pocas, solo las que están pegadas a la cordillera, por ejemplo, Santo Domingo. Pero hay provincias más alejadas como Manabí en las que no tendría ningún efecto y son los que más preocupación tienen por el pago de ese impuesto”.

Según Serrano existe una distorsión en el tratamiento de ese tributo, pues se pidió una exoneración total para el sector ganadero, a cambio de la reforestación de las tierras. “Eso se está negociando todavía, estamos insistiendo en una reunión con el Presidente. Es algo que no está definido”.

Aún no se decide sobre exoneraciones

Los ganaderos están a la expectativa de la publicación del texto final, pues aseguraron que el Presidente se comprometió a mantener la exoneración a quienes tengan una actividad amigable con el medio ambiente y que tenga en su sistema silvopastoril bosques protectores, madereros o reservas forestales. Así, lo explica Paul Olsen, presidente de la Asociación de Ganaderos del Litoral, quien indicó que a pesar de la presión del SRI por cobrar el impuesto, los productores se sostienen en la palabra presidencial.

Según Carrasco, el pasado lunes se cerró el debate interno sobre la nueva reforma con lo cual se esperaba la última revisión del Presidente de la República. Desde ahí saldrá hacia la Asamblea Nacional, para su debate. El propio Correa anunció en su último enlace sabatino, que esta semana sería remitido el texto al Legislativo, con el carácter de económico urgente, aunque hasta el cierre de esta edición, no se conoció del envío. Una vez en la Asamblea, los legisladores tendrían máximo 30 días para tratar y aprobar la reforma.

Una de las justificaciones para el cobro del Impuesto a la Tierra, es reducir el número de hectáreas ociosas en el país, señaló Sergio Pino, director de Investigaciones de Economía Agrícola de la Universidad Agraria. “En el mediano o largo plazo tendrán que deshacerse de esas tierras vendiéndolas, ya que el impuesto a una tierra sin producción le va a resultar más caro”.

La diferenciación con las hectáreas de la región Amazónica, indicó Pino, viene dada por la misma historia de esas tierras. El catedrático indicó que en la Reforma Agraria, en los años 70, se entregaron 50 hectáreas a los colonos que querían trabajar, por lo cual la parcelación fue mayor. En esta zona las tierras son mucho más frágiles y no se pueden hacer sembríos extensivos.

“La carga por animal puede ser de una cabeza por hectárea, mientras que en la Sierra o Costa son de dos o tres reses. En la Amazonia son tierras dedicadas a la agroforestería, ocupadas por bosques y que es un beneficio para la naturaleza”.

Para la asambleísta Diana Atamaint (Pachacutik), la idea beneficiaría a la zona del noroccidente de Pichincha, que quedó fuera de la última exoneración del impuesto, establecido en el Código de la Producción. Este sector si tiene una misma calidad de suelo que en el Oriente. Es decir, que la capa fértil de producción es mínima y por lo tanto no permite una mayor productividad de los cultivos.

“Una hectárea de maíz no rinde igual que en la Costa o en la Sierra y los tiempos de productividad no son los mismos. El tiempo de producción es más largo y el número de quintales que se cosecha es menor. Incluso para la ganadería de leche no es un suelo rentable y por eso se planteó que paguen a partir de las 70 hectáreas, tal como pasa ahora con las tierras amazónicas”.

Atamaint agregó que a la par se requiere que el Ministerio de Agricultura y los Gobiernos Autónomos Descentralizados obtengan una base de información de tal de forma que los impuestos se apliquen a sectores que realmente son productivos. “En la Amazonia, muchas de las tierras son quebradas y pantanos y no son suelos productivos, pero estarían pagando impuestos por algo que no producen y eso perjudica a los agricultores”.

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Un comentario para “El Impuesto a las Tierras Rurales tendría otra exoneración”

  1. ´mauricio riascos says:

    sr. marxs carrasco director del sri, yo compre una propiedad de 56 hectareas con un credito en el banco de fomento,no es justo que se aplique este impuesto de tierras puesto que es un gasto mas, y porque no se aplica luego de haber terminado de pagar la propiedad, gracias por su atencion.

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