El empresario y el desarrollo sostenible

Por Patricio Aguirre Román

Patricio Aguirre Román

Entendemos al Desarrollo Sostenible empresarial en la actualidad, como una visión desde tres pilares: Ecológico, social y económico. Lo anterior no será posible sino se produce primeramente un cambio en la mentalidad del empresario moderno, quien a su vez actúa como artífice de la Misión y Visión empresariales.

Para mi modesto punto de vista este gran cambio de mentalidad del empresario, no podrá concebirse, si a su vez no se produce previamente una concientizacion en los siguientes dos aspectos necesarios y fundamentales:

a) Decisión a nivel de Directivos y subalternos de la empresa de primero “Ser” y luego “Tener”.

b) La práctica de la frugalidad a nivel empresarial y familiar.

Primero “Ser” y luego “Tener”:

En el modo de ser, respetamos el tiempo, pero no nos sometemos a él; mas el respeto al tiempo se vuelve sumisión cuando predomina el modo de tener. En este modo, no sólo las cosas son cosas, sino que todo lo vivo se vuelve cosa. En el modo de tener, el tiempo se vuelve nuestro amo. En el modo de ser, el tiempo es destronado; ya no es el ídolo que gobierna nuestra vida.

Si para ganarse la vida se pudiera depender de lo que se sabe y lo que se puede hacer, la propia estima estaría en proporción con la propia capacidad, es decir, con el valor de uso; pero como el éxito depende en gran medida de cómo se vende la personalidad, el individuo se concibe como mercancía o, más bien, simultáneamente como el vendedor y la mercancía que vende. La “crisis de identidad” de la sociedad moderna es en realidad la crisis producida por el hecho de que sus miembros se han vuelto instrumentos sin yo, cuya identidad descansa en su participación en las empresas (o en las burocracias gigantescas), como la identidad del individuo primitivo se apoyaba en pertenecer al clan.

La afirmación “yo (sujeto) tengo X (objeto)” expresa una definición de yo mediante mi posesión de X. El sujeto no soy yo, sino que yo soy lo que tengo. Mi propiedad constituye mi yo y mi identidad. El pensamiento subyacente en la afirmación “yo soy yo”, es “yo soy yo porque tengo X”: “X se equipara aquí a todos los objetos naturales y las personas con que me relaciono mediante mi capacidad de dominarlos, de hacerlos permanentemente míos”.

En el modo de tener, no hay una relación viva entre mi yo y lo que tengo. Las cosas y yo nos convertimos en objetos, y yo las tengo, porque tengo poder para hacerlas mías; pero también existe una relación inversa: las cosas me tienen, debido a que mi sentimiento de identidad, es decir, de cordura, se apoya en que yo tengo cosas (tantas como me sea posible). El modo de existencia de tener no se establece mediante un proceso vivo, productivo, entre el sujeto y el objeto; hace que objeto y sujeto sean cosas. Su relación es de muerte, no de vida. En el modo de tener, nuestra felicidad depende de nuestra superioridad sobre los demás, de nuestro poder, y en último término, de nuestra capacidad para conquistar, robar y matar. en el modo de ser, la dicha depende de amar, compartir y dar.

“Si yo soy lo que tengo, y. si lo que tengo se pierde, entonces ¿Quién soy? Nadie, sino un testimonio frustrado, contradictorio, patético, de una falsa manera de vivir”. Como puedo perder lo que tengo, necesariamente en forma constante me preocupa esto. Tengo miedo a los ladrones, de los cambios económicos, de las revoluciones, de la enfermedad, de la muerte, y tengo miedo a la libertad, al desarrollo, al cambio, a lo desconocido.

El hombre se convierte en «ocho horas de trabajo», forma parte de la fuerza laboral, de la fuerza buro¬crática de empleados y empresarios. Tiene muy poca inicia¬tiva, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo; incluso hay muy poca diferencia entre los que están en los pel¬daños inferiores de la escala y los que han llegado más arriba. Aun los sentimientos están prescritos: alegría, tolerancia, res¬ponsabilidad, ambición y habilidad para llevarse bien con todo el mundo sin inconvenientes. Las diversiones están rutinizadas en forma similar, aunque no tan drástica. Los clubes del libro seleccionan el material de lectura; los dueños de cinematógra¬fos y salas de espectáculos, las películas, y pagan, además, la propaganda respectiva; el resto también es uniforme: el paseo en auto del domingo, la sesión de televisión, la partida de nai¬pes, las reuniones sociales.

Que Aristóteles no compartiera nuestros actuales conceptos occidentales de actividad y pasividad queda inequívocamente claro si consideramos que para él la forma más elevada de praxis, es decir de actividad (aún superior a la actividad política) era la vida contemplativa, dedicada a la búsqueda de la verdad. La idea de que la contemplación constituía una forma de inactividad era inconcebible para él.

Los conceptos de Spinoza de actividad y pasividad, también son una crítica radical a la sociedad industrial. En oposición a la creencia actual de que las personas impulsadas principalmente por la codicia del dinero, las posesiones o la fama son normales y bien adaptadas, Spinoza las consideraba absolutamente pasivas y básicamente enfermas. La persona activa, en el sentido de Spinoza, que él personificó en su propia vida, se ha vuelto una excepción, y hoy día se sospecha que es “neurótica” porque está “mal adaptada a la actividad llamada normal”.

De los pensadores contemporáneos, ninguno ha percibido el carácter pasivo de la actividad moderna tan profundamente como Albert Schweitzer, quien, en su estudio sobre la decadencia y la restauración de la civilización, consideró al Hombre moderno como un ser sometido, incompleto, disperso, patológicamente dependiente y “absolutamente pasivo”.

“Vivimos en una época peligrosa. El ser humano ha aprendido a dominar la naturaleza, mucho antes de haber aprendido a dominarse a sí mismo”.

La práctica de la frugalidad:

En occidente gastamos demasiado. Esto nadie puede ponerlo en duda. El budismo coincide con otras corrientes filosóficas en que la felicidad verdadera proviene de vivir con menos y necesitar lo justo y necesario, es decir vivir con frugalidad. A nuestros trabajadores debemos inculcarles la frugalidad, con el ejemplo familiar como referente.

No se trata de ser tacaños, se trata de necesitar lo justo y saber hacer uso de las cosas. Necesitamos demasiadas cosas y esto nos hace más pobres. La frugalidad es compatible plenamente con la felicidad, la generosidad y el ahorro; nos hace pasar del “yo” al “tú” para compartir las existencias y hacernos responsables de un desarrollo sostenible y humanista. La frugalidad nos enseña a vivir mejor con menos. El verdadero sentido de la austeridad sólo adquiere pleno significado cuando se une a la moderación.

Buda por ejemplo nos enseña a practicar el desapego, que es la actitud contraria a la avaricia: Por culpa del aferramiento a las riquezas, los hombres ignorantes se arruinan a sí mismos y a los otros, dijo muy sensatamente hace dos mil quinientos años.

Gregorio el Grande dejó escrito: “Si posees un segundo par de zapatos y un pobre va descalzo, no tienes que dárselos sino devolvérselos”. La tarea es enorme, difícil pero no imposible. El cambio debería empezar por pequeñas cosas, actos sencillos y simples que nos van demostrando que se puede vivir de otra forma, que podemos ser inmensamente ricos con menos consumo.

Con la práctica a conciencia de los aspectos anteriormente mencionados podremos alcanzar un mundo empresarial más equitativo y justo con real paz. Valdría la pena analizar el concepto de paz de Juan Pablo II:

“Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad”.

NUESTRO INVITADO

Es Ingeniero Químico ‘Cum Laude’, especialista en Comercio Exterior y Marketing Internacional y Master Executive en Gestión Medioambiental. Trabajó como asesor técnico del Instituto Nacional de Energía (INE), y como Sub-gerente de Ventas Industriales de Pinturas Cóndor. De momento es consultor independiente; asesor químico de empresas petroleras públicas y privadas; asesor en equipamiento de campos petroleros; sellos mecánicos especiales, etc.; asesor en estudios de impacto ambiental y docente en la Universidad del Pacifico.

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Un comentario para “El empresario y el desarrollo sostenible”

  1. Néstor Romerto Acosta says:

    No soy, partidario de Tiban, pues considero que a base de la politica a logrado lo que tiene, pero porque no le dan un espacio a la replica en las mismas condiciones con que la insultaron, critican lo que ellos mismos practican, INJUSTICIA.
    QUIEN CONTROLA LAS CADENAS, QUIEN CONTROLA GASTOS DE PUBLICIDAD.

    Cuando se tiene el poder se puede hacer muchas cosas, pero si me gustaria ver que va a pasar cuando no se lo tenga, y la cara de la moneda sea otra.

    Me gustaria convertirme en DORAIMON..

    SOY UN SIMPLE CIUDADANO QUE NO LE GUSTA LA INJUSTICIA.

    Nestor

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